“Las Soluciones empresariales son falsas y no resuelven la crisis ambiental”

La Vía Campesina advierte sobre el  poder de las  corporaciones en la COP21 y habla sobre “las soluciones justas frente la crisis climática”.

Por: Andrea Germanos, Common Dreams.

Al aproximarse la COP21 (Cumbre anual de las Naciones Unidas sobre el cambio climático que tendrá lugar este diciembre en París) un movimiento internacional pide que termine lo que consideran el dominio corporativo en la conferencia y solicita que se priorice el enfoque de la soberanía alimentaria, una “solución justa a la crisis climática mundial”.

La Vía Campesina, que agrupa organizaciones globales para defender al pequeño campesino, hizo un llamamiento al respecto que publicó la semana pasada.

Los grupos afirman que en las anteriores COPs los gobiernos “fracasaron reiteradamente en garantizar la protección y avance de los derechos humanos fundamentales, incluso el derecho a la alimentación; enviaron delegaciones oficiales a las conferencias sobre el clima donde se priorizaban los intereses privados por encima del bien común.”

Las “soluciones empresariales son soluciones falsas y no resolverán la crisis climática”, afirma el comunicado. “Nuestras soluciones son reales y las Naciones Unidas debería priorizarlas”. La industria agroalimentaria no solo es incapaz de ofrecer una solución, sino que ella misma es una de las principales causantes de la crisis climática. El texto sigue:

“El sistema alimentario global que han impuesto las multinacionales, es tanto un rotundo fracaso como es una de las causas principales de la crisis climática debida a la actividad humana: depende de los combustibles fósiles para producir, elaborar y transportar; este sistema alimentario es responsable de un  44% al 57% de las emisiones globales de gases con efecto invernadero. En vez de producir alimento nutritivo para el conjunto de la población mundial, las multinacionales han generado obesidad, acaparamiento de tierras, y desplazamiento rural, además de una crisis climática con la que lucrarse vendiendo soluciones falsas a las Naciones Unidas. Al contrario que las multinacionales, “la agricultura familiar y los sistemas alimentarios locales han demostrado ser capaces de alimentar a las personas durante siglos”.

Ryan Zinn, director político del Fair World Project, explica la diferencia entre ambos enfoques y el impacto que cada uno tiene sobre el clima:

“La agricultura industrial es la causa principal de emisión de gases con efecto invernadero. Fertilizantes sintéticos, agrotóxicos, maquinaria pesada, monocultivos, transformaciones del paisaje, deforestación, refrigeración, residuos y transporte forman parte de un sistema alimentario que genera notables emisiones y contribuye en gran medida al cambio climático. Las prácticas agrícolas industriales, como la Operación de Alimentación Animal Concentrada (CAFOs), pasando por los monocultivos de maíz y soja que usan intensivamente los fertilizantes sintéticos, y están modificados genéticamente para asumir cantidades ingentes de herbicidas; no solo aportan cantidades considerables de gases con efecto invernadero sino que fomentan un sistema alimentario mundial injusto e insalubre. La agricultura convencional moderna se basa en el combustible fósil, el alto consumo energético, y se posiciona con los intereses de la biotecnología, del mercado y la industria energética, en detrimento de los agricultores y los ciudadanos.

(…) Comparadas con los cultivos industriales a gran escala, los cultivos agroecológicos a pequeña escala no solo usan menos fertilizantes a base de combustibles fósiles, sino que emiten menos gases de efecto invernadero (incluyendo metano, óxido nitroso, dióxido de carbono CO2) y además tienen la capacidad de revertir el cambio climático porque secuestran partículas de CO2 hacia la tierra cada año. Según el Instituto Rodale, los pequeños agricultores y ganaderos podrían secuestrar más del 100% de las emisiones actuales de CO2 si evolucionaran hacia prácticas agroecológicas viables, seguras y asequibles que promuevan la diversidad, el saber tradicional, los sistemas agroforestales, la variedad paisajística y las técnicas de manejo del agua y el suelo, incluyendo el cultivo de cobertura, el compostaje y la captación de agua.

Cabe destacar que la agroecología no solo puede secuestrar más de 3,5 toneladas de CO2 por acre anualmente, sino que además impulsa el rendimiento de las cosechas. Estudios recientes publicados por la ONG GRAIN (www.grain.org ) muestran que los pequeños agricultores ya están alimentando a la mayor parte del mundo usando menos de un cuarto de la tierra cultivable. Luchar contra el cambio climático en los cultivos, ataja la ardua tarea de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que genera la agricultura, y además produce más alimento con menos combustible fósil. Como señala el grupo ETC (www.etcgroup.org), la agricultura industrial usa el 70% de los recursos agrícolas mundiales para  producir el 30% del conjunto mundial de alimento, mientras que los pequeños agricultores proveen con el 70% del total de alimentos consumidos usando el 30% de los recursos agrícolas.

Los pequeños agricultores son especialmente importantes en la lucha contra la crisis alimentaria y agrícola, que son la causa del cambio climático. El cultivo a pequeña escala se ha comprobado más resistente ante los cambios climáticos drásticos, capea los temporales mucho mejor que los cultivos industriales a gran escala. Los pequeños ecoagricultores han demostrado mayor capacidad de recuperación tras fuertes huracanes y tormentas.

El enfoque que defiende la  Vía Campesina, a pesar de sus beneficios, se enfrenta agrandes obstáculos, advierte el grupo, como los potenciales acuerdos comerciales (TTIP y TTP) que, según muchos grupos, favorecerán los intereses corporativos. Pero justo este cambio de paradigma es lo que se necesita para conseguir justicia climática, dicen:

“Por eso desde Vía Campesina declaramos de nuevo que la Soberanía Alimentaria -basada en la agroecología, el conocimiento tradicional, el seleccionar, proteger y compartir las semillas locales adoptadas, así como el control de nuestra tierra,  su biodiversidad, aguas y territorios- es una solución auténtica, viable y justa contra la crisis climática mundial causada en su mayor medida por las multinacionales. Para llevar a cabo la Soberanía Alimentaria necesitamos cambios de gran alcance. Entre otras cosas, se precisa una reforma agraria exhaustiva, la adquisición pública de los productos campesinos y la suspensión de los acuerdos de libre comercio destructivos que promueven las multinacionales. Necesitamos, en definitiva, justicia: social, económica, política y climática.”

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