Colombia: curules para la paz, otra vez será

Y el día de la elección de las curules para la paz llegó por fin, tras un tortuoso camino, el 13 de marzo fueron elegidas por primera vez las 16 Circunscripciones Transitorias Especiales para la Paz, proceso que culmina en medio de múltiples polémicas, cuestionamientos a algunos de los elegidos y al Gobierno de Iván Duque por no acompañar el proceso.

La participación de las comunidades en este proceso extraordinario fue muy parecido a la participación general de la ciudadanía en las elecciones al congreso, el porcentaje de abstención fue superior al 50%. Es importante tener esto en cuenta, pues se puede interpretar como una falta de aprovechar la oportunidad para que comunidades rurales encuentren escenarios válidos para la participación en el Congreso y desde allí desarrollar la actividad legislativa y de control político que se requiere para que los territorios superen las causas históricas del atraso, la violencia y la pobreza en la que se encuentran sumergidos por cuenta de la falta de voluntad política de la clase política tradicional.

Además, la baja participación de las comunidades permitió que las clases políticas tradicionales y sectores descompuestos de la política se “aprovecharan” de la desmotivación que tienen las comunidades para imponer con toda “facilidad” a sus candidatos, como extensión de sus clanes políticos o familiares en estas curules.

Una vez conocidos los resultados y el listado general de personas elegidas, hay que decir que el proceso de elección de estas curules especiales resulta bastante consecuente con el propósito de un gobierno que jamás tuvo interés en garantizar un efectivo proceso de participación y mucho menos en permitir que las comunidades afectadas por el conflicto pudieran acceder a ellas.

Si se tienen en cuenta elementos como la serie de dificultades para que se aprobara el acto legislativo que creaba las curules, un proceso de reglamentación que tendió a favorecer la participación de distintos sectores políticos (menos las víctimas), la situación de miedo y zozobra por cuenta de la violencia armada en muchos territorios donde se elegían las curules, así como el desprecio con el que el gobierno asumió temas tan importantes como la financiación de las campañas o la precaria pedagogía en esos territorios rurales, el resultado no podía ser distinto: apatía de las comunidades para participar y el desconocimiento general de las candidaturas y la forma de participar en la elección de las curules, situación que aprovecharon clanes y partidos tradicionales para quedarse con los escaños.  Al gobierno le faltó impulsar una acción pedagógica más decidida que permitiera orientar y facilitar la participación en este proceso.

En medio de este panorama el proceso electoral de 4 meses (entre diciembre del año 2021 y el 13 de marzo del 2022) las campañas de las y los candidatos a las 16 curules para la paz se desarrolló en medio de un ambiente hostil y falto de garantías por parte del gobierno, que ni siquiera fue capaz de cumplir con la propia reglamentación, pues había establecido para las mismas un apoyo económico y accesos a medios de comunicación, ayudas que nunca llegaron por exigencias difíciles de cumplir para los y las aspirantes de los procesos comunitarios. Tal vez por esta razón las campañas fueron capturadas por los partidos políticos tradicionales a través de prácticas que han desarrollado históricamente en los procesos electorales. Al tiempo, algunas de esas campañas fueron tomadas por personas proclives a los grupos paramilitares y, en ese sentido, promovieron una campaña electoral con amenazas e intimidaciones sobre el electorado, que, en medio de confusión, desconocimiento y mucho miedo, terminó respaldando candidatos que no brindan ninguna garantía, ni para la consolidación de planes de desarrollo que permitan sacar a las regiones de su atraso, ni de la violencia.

El análisis de los resultados permite establecer que varios de los elegidos tienen estrechos vínculos con sectores vinculados al ejercicio de la politiquería, el clientelismo y la corrupción, situación de la que dan cuenta denuncias presentadas en las zonas de Arauca, Catatumbo, Putumayo, Sur de Córdoba, Sur de Tolima y el Urabá Antioqueño. Quizá el asunto más grave, es que personas con vínculos con grupos criminales lograron infiltrarse en el proceso, entre otras cosas, por las facilidades que brindó la administración para otorgar reconocimiento de víctimas a quiénes no lo eran.

No obstante, lo que podría parecer un panorama sombrío, en esta primera experiencia de la elección de las curules para la paz, quedan importantes lecciones y aprendizajes para las organizaciones sociales comprometidas en la construcción de paz en el país. En primer lugar, al menos 7 de las curules corresponden a procesos comunitarios ligados a la defensa de la tierra, el territorio y la lucha por la paz, quienes podrán juntarse con las bancadas del Pacto Histórico y demás sectores progresistas en el Congreso para hacer alianzas que permitan cumplir el objetivo inicialmente trazado con las 16 curules para la paz.

Una lección, no menos importante queda para el movimiento social y popular de los territorios donde se ubican esas circunscripciones especiales para la paz,  básicamente se trata de preparar las condiciones para que en las elecciones del año 2026, se superé la atomización que existió en esta primera experiencia, la dispersión de candidaturas provenientes de sectores democráticos y populares no ayudó a consolidar campañas unitarias que permitieran sumar los votos suficientes para ganar esas curules y desde ellas continuar la lucha por superar las causas que generan la violencia.


Texto: Alfonso Castillo

Texto: AFP

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