Nanotecnología es el próximo objetivo de las transnacionales

La nanotecnología es el más reciente peligro entre las tecnologías de punta de la industria comercial. Basada en la medida métrica “nano”, consiste en la manipulación de la materia viva y no-viva en un nivel atómico, dividiéndola en un millón de veces. La materia se convierte en un elemento tan pequeño, que supera cualquier barrera física en el mundo. Sin embargo de ser tan diminuta es más resistente que el acero.

En el caso del ser humano, los efectos son los mismos. “Las partículas nano atraviesan la piel, la protección del cerebro y la placenta. Y ni siquiera sabemos los efectos que causan en el organismo”, relata la ecologista brasileña Maria José Guazzelli. Actualmente, ya existen productos hechos a base de la nanotecnología, como es el caso de los protectores solares, cremas para combatir arrugas y algunos tipos de asfalto. Además de la salud, la agricultura es otra área que será fuertemente sacudida en caso de que se propague esta tecnología. La activista Silvia Ribeiro, del Grupo ETC, afirma que la nanotecnología permite entrar en el genoma de las plantas, donde están sus características y propiedades, y efectuar cambios. Con esto, están abiertas las posibilidades de crear nuevos tipos de transgénicos e, incluso, de elementos artificiales hasta entonces no descubiertos en la biodiversidad del planeta. “Así, la materia prima natural abre paso a las semillas y elementos fabricados en laboratorio, como los casos de algunos tipos de caucho y de algodón ya creados”, afirma Ribeiro.

“Lo que puede pasar es que las empresas se apropien de lo que los agricultores han producido desde hace miles de años. O sea, la dependencia será total”, alerta Guazzelli.

Un caso verídico es el de la transnacional de semillas Syngenta, una de las mayores fabricantes de medicamentos del mundo. Recientemente, la empresa intentó patentar una parte del genoma del grano de arroz, que obtuvo por medio de la técnica de la nanotecnología. El gen de la semilla es el mismo de otros 40 cultivos, entre ellos bananas y maíz.

“Las empresas prefieren patentar parte de la semilla antes que la semilla completa. En el caso de la Syngenta, si ésta consiguiera la propiedad intelectual sobre el gen del arroz, tendría automáticamente el mismo derecho sobre los otros 40 cultivos”, enfatiza.

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