Movimientos sociales convergen en Mali para hacer frente a los intereses de los poderosos: “Aquí estamos descolonizando África”

(Nyéléni, Mali. 19 de noviembre de 2011). El centro de formación en agroecología de la Confederación Nacional de Organizaciones de Campesinos (CNOP) está en medio del campo del África Occidental. Rodeado por las ricas tierras de labranza de Mali y salpicado de cabañas con tejados de paja, el río Níger serpentea en el horizonte por un lado y una carretera polvorienta conecta el centro con la adormilada ciudad de Sélingué. Hoy, bien entrada ya la primera Conferencia Internacional de Campesinos, el centro rebosaba actividad mientras campesinos de toda África y de todo el mundo trabajan juntos para imaginar comunidades en las que la tierra sea algo más que mercancía.

“Este es el tipo de concienciación que tiene potencial para cambiar políticas,” ha declarado Ibrahima Coulibaly, presidente de CNOP y uno de los dirigentes de Vía Campesina. “Como movimientos locales y nacionales, tenemos que luchar juntos contra las estructuras globales que amenazan nuestras comunidades,” ha añadido.

A lo largo del día, los campesinos y las campesinas han esbozado la enormidad de su lucha contra esas estructuras internacionales, que van desde fondos de pensiones equivocados hasta lo más recóndito del funcionamiento de instituciones financieras como el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio. Tras la crisis financiera, fondos de pensiones y otros fondos de inversión han ido dirigiendo su dinero hacia los recursos naturales y alimentarios, mercantilizando derechos históricos sobre la tierra y el agua.

“Son las instituciones internacionales las que nos niegan el acceso al bien común y amenazan nuestra capacidad para plantar distintos cultivos que alimentan al mundo,” ha explicado Rafael Alegría, dirigente hondureño de La Vía Campesina. “Y solo podemos hacerles frente y evitar convertirnos en refugiados en nuestras propias tierras si formamos un movimiento unido.”

La Vía Campesina ya ha visto victorias de este tipo. A mediados de los años noventa, representantes de sus organizaciones de base se manifestaron en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación. Después, se les permitió atravesar puertas que antes tenían cerradas y pudieron observar los procesos de toma de decisiones mientras la presión seguía aumentando desde el exterior. Tras años de cumbres alternativas, se le ha dado a La Vía Campesina una voz que le permite participar en la estructuración del debate y en la definición de una agenda global.

“Mediante la poderosa participación de los movimientos sociales, esperamos hacer llegar la soberanía alimentaria a la agenda de las Naciones Unidas”, ha declarado Sofía Monsalve, experta en derecho humanos de FIAN (Food First Information & Action Network). Vía Campesina acreditada con la acuñación del término “soberanía alimentaria”, ha procurado desde su origen repensar la noción global de seguridad alimentaria.

Pero los movimientos de campesinos coinciden en que, si campesinas y campesinos no tienen control sobre sus tierras, la soberanía alimentaria real es imposible.

Por ejemplo, el gobierno de Mali, sin dinero, ya ha adjudicado al menos 800 000 hectáreas a empresas multinacionales para que las destinen a proyectos agrícolas a gran escala, gran parte de lo cual se reserva para exportación. Y más del 40% de esos acuerdos incluyen cultivos de Jatropha para agrocombustibles, que alimentan máquinas en vez de a la gente de la zona. A los inversores se les ofrecen atractivos incentivos fiscales y, en algunos casos, acceso preferente al agua del Níger. Se desplazan comunidades enteras mientras que el agua y los suministros de comida se vuelven cada vez más vulnerables.

Delegados de decenas de países han compartido estadísticas similares e historias personales de sus propios países, donde las tierras indígenas se han convertido en imanes que atraen a inversores extranjeros. Al arrojar luz sobre estas luchas de David contra Goliat, su foro proporciona un espacio para dar con soluciones unificadas y poner fin a la nueva forma de colonización que es la apropiación de tierras.

“Aquí estamos descolonizando África,” ha declarado Elizabeth Mpofu, una campesina de Zimbabwe. “Nuestro trabajo es dar con declaraciones democráticas a nivel de las bases. Depende de nosotros asegurarnos de que esas declaraciones llegan a nuestros gobiernos y de que pueden compartirse con todos los interesados, incluso a nivel internacional”. Ha reconocido la enormidad de la tarea, pero al mismo tiempo se siente respaldada por sus homólogos de cinco continentes.

En el centro de formación al aire libre de CNOP en Nyéléni, Ibrahim Coulibaly estaba de pie en la arena gruesa, con las banderas de color verde brillante de Vía Campesina ondeando tras él. “Vamos a empezar”, ha dicho, abriendo otra sesión, “tenemos mucho trabajo duro que hacer”. Pero se ha parado un momento y se ha fijado en la heterogénea multitud formada por dirigentes campesinos y campesinas. Entonces ha levantada la voz y ha sonreído: “Aquí hay mucha energía”, ha dicho con una sonrisa radiante, “qué ambiente”.

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