Leyes deben adaptarse a la sociedad, dice ecologista

“Las leyes no son más importantes que los derechos humanos. Por lo tanto, éstas deben adaptarse a las necesidades de las personas y no al contrario”, afirma el investigador canadiense Pat Mooney, del ecologista Grupo ETC. Pat dirige sus críticas a las transnacionales de semillas y de alimentos, que utilizan las leyes y los organismos reguladores de mercado para controlar, cada vez más el sector, dominando desde la producción hasta la comercialización. En este sistema, todos son perjudicados. Principalmente el pequeño agricultor, que produce la mayor parte de los alimentos consumidos en el mundo. “Desde hace 12 mil años, el agricultor guarda y produce su propia semilla. Ahora, las empresas crean tecnologías, como los transgénicos y la Terminator, que lo vuelve dependiente en función del lucro”, argumenta. El especialista relata que, si las semillas estériles se imponen en el sector brasileño de la soja, por ejemplo, el productor tendría que correr con un costo adicional de cerca de 800 millones de reales al año.

Para el investigador, estas altas sumas resaltan aún más la visión mercantil que las transnacionales y varios países en desarrollo tienen de la agricultura. “En el primer encuentro sobre la alimentación que la ONU (Organización de las Naciones Unidas) realizó en 1974, el ministro la Agricultura de Estados Unidos dijo que los alimentos son un arma. Ellos llevan a la práctica este discurso contra los llamados 'enemigos', tanto a través de las empresas como de los embargos comerciales y recortes de ayudas a los países pobres”.

La acción de las empresas privadas afecta también el mercado de distribución y venta de las semillas. Una de las características del capitalismo financiero, la nueva fase del capitalismo global, es la fusión de empresas, es la formación de mega-corporaciones para tener más fuerza para competir en el mercado, al mismo tiempo que eliminan a los competidores.

Treinta años atrás existían alrededor de siete mil empresas que trabajaban en el sector de semillas. Actualmente, el número redujo para sólo a 10, todas ellas transnacionales. Además de eso, sólo la Monsanto, la Syngenta y la Dupont controlan un tercio de la producción mundial.

La mexicana Silvia Ribeiro, también del Grupo ETC, explica que otra característica de esta estructura es el cruzamiento. Todas esas empresas no se restringen solamente a la cadena de las semillas sino que se extienden a otros sectores de la alimentación y los medicamentos. Un ejemplo es el agua embotellada, mercado dominado por la Coca Cola, Pepsi y Danone. Según algunas estimaciones, 200 empresas controlan la mitad de los productos alimenticios vendidos en el planeta, pero generan empleo para menos del 2% de la población.

El argumento más comúnmente usado por los países que apoyan a las multinacionales, es que el mercado es libre. En ese sentido, Silvia Ribeiro señala que organismos internacionales, como Organización Mundial del Comercio (OMC) fueron creados por las empresas para presionar a los países en desarrollo a fin de que adopten medidas que les beneficien. “Actualmente, la presión se dirige a conseguir la disminución de las tasas de importación, lo que hace que sus productos ingresen con los mismo precios o incluso más baratos que los nacionales”, enfatiza.

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