La Vía Campesina: Manifiesto en Solidaridad con las personas migrantes y refugiadas

(Derio, Euskal Herria, julio 2017) Desde la VII Conferencia Internacional de la Vía Campesina queremos mostrar nuestra solidaridad con la situación desesperada que están viviendo las personas refugiadas y migrantes.

Denunciamos la tragedia humanitaria que vivimos a nivel mundial provocada por el imperialismo capitalista, patriarcal y neocolonial, sus corporaciones transnacionales y sus gobiernos títeres. Hoy en día, hay más de 65 millones de personas desplazadas por las guerras, las violencias múltiples, el cambio climático, las hambrunas, el acaparamiento de tierras, la falta de trabajo y oportunidades de vida; personas, que cuando resisten y se enfrentan a este sistema biocida y colonial son perseguidas, amenazadas e incluso asesinadas por sus  ideas, su activismo socio-político y por su defensa de los derechos humanos, individuales y colectivos.

Denunciamos a los gobiernos que provocan esta situación y se niegan a reasentar a las personas que buscan asilo, huyendo de las guerras y de las otras causas señaladas, permitiendo que miles de personas mueran intentando alcanzar sus fronteras, y que las redes de traficantes de personas operen a sus anchas. La UE, EEUU y las otras potencias mundiales ponen el acento en el control de sus fronteras, vulneran el Derecho de Asilo, e impiden la libre circulación y entrada de las personas que tienen que salir de sus lugares de origen para sobrevivir, mientras que los capitales, las mercancías y los servicios circulan libremente por las regiones del mundo.

Denunciamos estas políticas migratorias mundiales que violan directamente el derecho internacional de los derechos humanos. Denunciamos el incremento de recursos dedicados al control de fronteras a través de medios militares, la firma de acuerdos con países para que hagan de guardianes y repriman estos flujos, el confinamiento en condiciones infrahumanas de las personas que buscan refugio y que acaban siendo expulsadas, y la pasividad ante unas mafias que abusan de estas personas indefensas, y que son consecuencia de estas erradas políticas migratorias.

Denunciamos la esclavitud a la que son sometidas miles de personas, vendidas por un puñado de dólares por las mafias, que se consienta la trata o esclavitud sexual que afecta especialmente a las mujeres y niñas, así como el abuso de menores abandonados. No podemos consentir que los que se consideran dueños del mundo afirmen que sobran más de mil millones de personas, que se declare impunemente que hay personas “prescindibles”, y que nuestros gobiernos hagan oídos sordos ante las miles de personas que mueren en las guerras, en los mares, en los desiertos, en las vallas y muros con concertinas, o que no hagan nada frente a los asesinatos de personas defensoras de los derechos humanos en sus comunidades.

Denunciamos que tras el desplazamiento forzado de millones de campesinas y campesinos, se esconde el actual sistema alimentario, que prioriza la sobreproducción y consumo de alimentos, -sin tener en cuenta su calidad-, el acaparamiento de tierras por parte de las grandes corporaciones, unas políticas agrícolas que favorecen los intereses de grandes empresas y distribuidoras y destruyen la vida campesina, y unos nuevos acuerdos de libre comercio diseñados para seguir manteniendo este mismo sistema. La población campesina mundial conoce de primera mano estos abusos, y debemos subrayar la especial vulnerabilidad y recorte de derechos de las mujeres campesinas, refugiadas y migrantes, que suelen ser el sostén vital de sus  familias y comunidades. En algunos casos, estas mujeres, que emigran para huir de la muerte o poder subsistir con sus familias, son víctimas de la trata de personas, de abusos sexuales, y tienen que enfrentarse, igual que otros colectivos como el LGTBI,  a detenciones, torturas y abusos de todo tipo para llegar a donde quieren rehacer su proyecto vital.

Denunciamos el auge del racismo, la xenofobia y la violencia patriarcal. Las políticas neoliberales de recortes a los derechos sociales y laborales impuestas por los países occidentales están generando un retroceso en los valores democráticos, y un auge del racismo, la xenofobia y la violencia patriarcal en todos los continentes. Estas políticas de recortes sociales y de flexibilización laboral que recortan aún más los salarios y precarizan los empleos, enfrentan a las clases populares nacionales con la población migrante. Las crisis, provocadas por el exceso de poder de las corporaciones transnacionales y del sector financiero e impulsadas por los gobiernos a su servicio, no han hecho más que acentuar la expulsión del sistema, tanto de personas trabajadoras migrantes como autóctonas, y han dejado sin tierra a millones de campesinos y campesinas. En las minas, en las maquilas, en los invernaderos, las porteadoras y muchísimas personas campesinas ven constantemente pisoteados sus derechos laborales. Además, los grandes medios de comunicación, al servicio de las élites, están alimentando discursos racistas, xenófobos e islamófobos que han contribuido a que las personas trabajadoras pobres autóctonas se enfrenten con las migrantes y refugiadas.

Para avanzar en la lucha por la Soberanía Alimentaria y poner fin al control de las grandes corporaciones sobre el sistema alimentario mundial DECLARAMOS QUE:

  • Es necesario que las clases populares luchemos conjuntamente por cambiar este sistema alimentario. Hay alimentos y riqueza suficiente para que todas las personas podamos vivir dignamente. Pero para lograrlo es imprescindible construir un nuevo sistema donde se ponga freno a unos pocos que acumulan riqueza sin límite alguno y que se creen dueños del mundo, y apostar por unir nuestras fuerzas, y por reivindicar todos los derechos para todas las personas en todos las comunidades y países.
  • Defendamos los bienes e intereses comunes, demos valor a la preservación de la Naturaleza que las comunidades campesinas han realizado durante siglos, y a los conocimientos generados y transmitidos por las mismas. Prioricemos la enseñanza popular, una agricultura basada en la soberanía alimentaria y en el comercio cercano; en suma, apoyemos todo aquello que nos hace más personas.
  • Es necesaria más que nunca, que la Vía Campesina, los movimientos sociales y las organizaciones de apoyo a las personas refugiadas y migrantes luchemos juntas contra este sistema totalmente injusto. Es necesario articular un movimiento que proponga alternativas a las actuales políticas agroalimentarias, socioeconómicas, comerciales, medioambientales, y migratorias. Debemos presionar, a todas las instituciones internacionales, a los gobiernos nacionales y a las autoridades locales para que articulen leyes justas e iniciativas políticas de refugio y asilo. Debemos exigir a todos los gobiernos sus responsabilidades por la situación actual y la dejación continua en salvar vidas en los mares y en las fronteras. Debemos exigir un verdadero desarrollo político y económico equitativo y sostenible en los países de origen y destino para que las personas puedan decidir libremente donde quieren realizar su proyecto de vida.

Quienes vienen ahora, o vengan libremente en el futuro, tienen que encontrar en nuestros pueblos verdadera acogida y refugio. Nuestra SOLIDARIDAD  tiene que darles siempre la bienvenida.

¡ONGI ETORRI!

La Vía Campesina

 

 

Este artículo está disponible en