Diversidad de Género en el Movimiento Campesino

El movimiento campesino global La Vía Campesina esta empezando abrirse para cuestiones de diversidad de género. De Paula Gioia, miembro de la Coordinadora Europea La Vía Campesina -ECVC.

(11 de Octubre de 2016) La soberanía alimentaria también tiene que ver con las relaciones de género – y con el respeto de distintos modos de vida y los derechos LGBTTIQ*. El movimiento de las*los Sin Tierra en Brasil da ejemplo e impulsa de forma significativa los debates en Europa.

Desde su fundación en 1993, La Vía Campesina aboga por la soberanía alimentaria y por un cambio de las relaciones de poder capitalistas y patriarcales que dominan nuestro mundo actual. La Vía Campesina es un movimiento internacional de campesinos y campesinas, de agricultores y agricultoras y Sin Tierra, pescadores y pescadoras, pastores y pastoras y de trabajadores y trabajadoras migrantes. Cuenta con unos 200 millones de miembros, que se organizan en más de 160 organizaciones de 73 países.

En el marco de nuestros esfuerzos a favor de la soberanía alimentaria, los enfoques feministas han desempeñado desde el principio un papel importante en nuestro movimiento campesino, con el objetivo de luchar contra la discriminación y contra toda forma de violencia contra las mujeres en el medio rural. La participación de campesinas, también en posiciones de liderazgo, juega un papel importante en la Vía Campesina. Sin embargo, por primera vez en más de 20 años, se está generando un debate sobre la diversidad sexual y de género.

El reconocimiento de personas que se identifican como lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, trans*sexuales, intersexuales y queer (LGBTTIQ*) dentro de Vía Campesina, así como su visibilidad y sus derechos han recibido hasta ahora una atención muy reducida en nuestros debates. Un movimiento que lidera a nivel mundial el proyecto político de la soberanía alimentaria, que lucha contra la exclusión social y que se basa en el principio de convivencia colectiva arraigada en el respeto mutuo debe trabajar para acabar con esta laguna lo antes posible.

En el contexto internacional de Vía Campesina, todavía se sigue abordando la situación de la comunidad LSBTTIQ* con pies de plomo. Sin embargo, en algunos países se han producido esfuerzos desde las bases para abordar este tema. Un ejemplo es el movimiento brasileño de los trabajadores y trabajadoras sin tierra (Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra – MST). Su experiencia en los debates que se mantienen actualmente en el contexto internacional de Vía Campesina puede constituir un importante punto de referencia.

No siempre visibles – pero presentes desde hace mucho

En agosto de 2015 surgió un seminario nacional relativo al tema “MST y Diversidad Sexual” en Guararema, en la región de São Paulo, a partir de rondas de conversaciones informales entre Sin Tierras brasileños pertenecientes a la comunidad LGBT (1), cuando dichas conversaciones aún no contaban con una estrategia común. En estos primeros encuentros oficiales participaron 40 miembros del movimiento que se definen como LGBT, con el objetivo de fomentar un intercambio mutuo. Según los propios participantes, abordar la situación y trabajar por el reconocimiento de los derechos LGBT es una señal clara del momento de madurez del movimiento.

Dê, del colectivo de jóvenes y formación del MST en la región de Matto Grosso, se declara “mujer trans*, Sin Tierra y activista por la reforma agraria”, y explica la dificultad de hablar de diversidad dentro del movimiento, pues no se puede hablar de reforma agraria desde las bases “sin que estén representadas aquellas personas que quieren ponerla en práctica” (2).

Para los participantes, el encuentro supuso una verdadera oportunidad para dejar claro que también hay diversidad en el medio rural, con frecuencia mucha más de la visible. Según Kelli Malford, del círculo nacional de coordinación de MST, es aún más importante “reconocer que desde hace mucho tiempo están presentes entre las filas de nuestras bases sociales agentes LGBT, activistas políticos y incluso representantes de la dirección política”.

El encuentro representó un posicionamiento concreto “frente a las fuerzas conservadoras que fomentan el racismo, la homofobia, el machismo y todo tipo de prejuicio”. Oponerse a todo ello y con ello obrar en pro de una mayor justicia y autodeterminación supone una contribución importante a la conquista de la soberanía alimentaria, y refuerza las posiciones que la Vía Campesina lleva defendiendo desde 1996. La Declaración de Nyéléni, del año 2007, en la que distintos agentes de la sociedad civil manifiestan su concepto de soberanía alimentaria, también defiende que se reconozcan las minorías en el sistema alimentario, exige su representación en la toma de decisiones y recoge que la diversidad social es valor humano que debe ser reconocido y apreciado.

Hony Sobrinho, de la Secretaría Nacional de MST, apunta a que en el movimiento se siguen reflejando las dinámicas del resto de la sociedad, en la que los modos de vida queer han ganado claramente visibilidad en la última década. “Gracias a la creación de estructuras autogestionadas dentro de MST, nuestra agenda política ha ganado mucha visibilidad y aceptación, tanto dentro como fuera del movimiento”(3). Dentro de MST, el debate surgió dentro de los círculos más jóvenes, a los que pertenecen la mayoría de las lesbianas, gays, bisexuales y trans* activos en MST. Con el tiempo, la iniciativa ha allanado el camino para que muchas otras personas dentro de MST desvelaran su identidad sexual y de género.

Viento en contra desde la derecha en el Congreso Nacional

No obstante, esto no implica que la situación actual en Brasil fuese precisamente favorable. MST ya había apuntado hace tiempo que las fuerzas reaccionarias de la derecha brasileña estaban intentando llevar a cabo un golpe de Estado contra el gobierno legítimo de Dilma Rousseff. El 31 de agosto, las élites brasileñas consumaron el golpe en el Parlamento, disfrazado de proceso legal de incapacitación. La política de estos grupos reaccionarios también va en contra de las minorías en el medio rural.

Actualmente, la derecha brasileña se encuentra liderada en el Congreso Nacional por un grupo evangélico, cuya agenda política aboga por la limitación de los derechos de las mujeres y de la comunidad LGBTTIQ*, y cuyos miembros defienden posturas machistas y homófobas. Por una parte, el movimiento autogestionado de la comunidad queer está creciendo exponencialmente, por otra, no obstante, se observa cómo aumenta el rechazo hacia sus representantes por parte de algunos sectores de la sociedad.

Las*los agentes LGBT dentro del movimiento Sin Tierra brasileño reaccionan intensificando el debate. Se esfuerzan para que, en su labor a favor del reconocimiento de un concepto de soberanía alimentaria, también se incluya el tema de la diversidad de género. Para frenar el avance de la agroindustria en Brasil y reintroducir modelos agrarios basados en principios agroecológicos respetuosos con el medio ambiente y con los (pequeños) campesinos, que a su vez posibiliten relaciones sociales más justas, es importante integrar a nuevos agentes en el medio rural y frenar el éxodo rural masivo.

Para ello, debe reconsiderarse urgentemente el concepto de la familia agrícola. Según Cristiane, participante en los encuentros de Guararema, “va siendo hora de que la familia tradicional se acostumbre a la idea de que hay otras formas de familia. En este sentido hay mucho que hacer dentro y fuera del movimiento. La legislación en lo que respecta a la diversidad de familias en el medio rural sigue sin ser clara”.

Por ejemplo, con frecuencia las autoridades competentes no están preparadas para emitir documentos de propiedad de tierras a parejas homosexuales casadas. En la región de São Paulo, las mujeres tienen la prerrogativa de inscribir su nombre en el registro. No obstante, cuando se trata de un matrimonio de lesbianas, se utilizan criterios completamente subjetivos. “Nuestro objetivo no es crear espacios propios con determinadas etiquetas, sino derribar barreras y conseguir que haya una amplia aceptación de la diversidad de género”, explica Cristiane.

Eduardo, de la coordinación de MST en la región de Ceará, en el noreste de Brasil, ha conseguido por primera vez en su región registrar su propiedad junto a su marido. En su opinión, el debate sobre la diversidad sexual dentro de MST está íntimamente relacionado con la lucha de clases y la oposición al capitalismo. No obstante, apunta que incluso dentro de MST hay reticencias con respecto a los temas LGBT.

Así se mantuvo la falsa creencia de que las bases campesinas no estaban preparadas para los debates actuales. En su opinión, esta preocupación es un reflejo de “posturas ortodoxas de izquierda de los años 80”, aparejadas a la idea de que “la diversidad sexual es una expresión de la desviación burguesa”. Con posturas como esta se aísla el propio movimiento, y ya no debería tener cabida dentro de MST. “Debemos por fin ondear la bandera arco iris y entender el medio rural como territorio de diversidad”. Según Eduardo, el seminario en Guararema ha contribuido a “llevar a cabo este debate dentro del grupo de oprimidos, teniendo en cuenta que el trabajador y el campesino cuenta con sus propias dinámicas y realidades”.

Los agentes LGBT están activos desde hace tiempo en diversos aspectos del movimiento, desde las bases hasta los grupos de coordinación de MST. En el encuentro en Guararema se decidió no crear ninguna sección LGBT dentro del movimiento, sino introducir el tema en el marco de las actividades previstas por la organización, fomentar el debate y llevar a cabo intervenciones culturales, algo que ya se está realizando a distintos niveles.

Más color(es) para el movimiento del pequeño campesinado

A pesar de que el tema LGBTTIQ* se sigue tratando con sumo cuidado en el contexto internacional de la Vía Campesina, las experiencias aquí descritas de MST suponen una fuente de inspiración para los agentes LGBTTIQ* dentro del movimiento europeo de Vía Campesina. Para desterrar la falsa creencia de que se trata de un debate en el que Europa no tiene nada que aportar, los miembros de la Coordinación Europea de Vía Campesina intercambiaron experiencias en marzo de 2016, en una ronda de conversaciones sobre el tema. Pronto quedó claro que para la comunidad LGBTTIQ* la exclusión y la humillación también son una realidad en el medio rural europeo.

Las estructuras sociales siguen siendo muy patriarcales, sin en absoluto el respeto de la igualdad de género. Esto es algo aún más palpable precisamente en el medio rural, donde por ejemplo a la hora de elegir una profesión existen una serie de expectativas sobre los roles de género. También hemos visto un ejemplo en Alemania hasta hace poco: la economía doméstica era cosa de chicas, mientras que de los árboles solo podían encargarse los chicos.

Hasta nuestros días, la división de tareas por sexos es la práctica más extendida en el campo europeo. Con frecuencia, la participación de las mujeres, incluso dentro del propio movimiento campesino, se ve obstaculizada, ya que en la mayoría de casos las mujeres son las responsables de cuidar de la granja y de la familia, mientras que los hombres se adentran en la esfera pública. A esto se le añade la gran influencia del cristianismo en el medio rural europeo. Las zonas rurales apenas toleran identidades de género más allá de la norma heteronormativa dominante, como modelos de convivencia que se alejan de la pequeña familia tradicional.

Por ello, muchos se deciden a emigrar a las grandes ciudades. Un continente que en los últimos 50 años ha perdido buena parte de su pequeño campesinado, y que necesita estrategias urgentes para volver a reforzar sus estructuras campesinas, no puede permitirse el lujo de que sus jóvenes emigren a la ciudad debido a su identidad sexual.

Precisamente en Europa es importante hacer del medio rural un lugar atractivo para los jóvenes que no tienen una conexión con el campo. Esto también incluye eliminar el rechazo y la hostilidad hacia la diversidad sexual. Los y las representantes LGBTTIQ* de Vía Campesina en Europa pueden aprender mucho de la experiencia de MST, y se enfrentan a la tarea de adaptar las estrategias al contexto Europeo.

Tanto en el medio rural brasileño como en el campo europeo ha quedado claro desde hace tiempo que incorporar y representar la diversidad sexual y de género enriquece sustancialmente el proyecto político de la soberanía alimentaria, ya que amplía la lucha del (pequeño) campesinado contra las relaciones de poder imperantes dentro de un modelo capitalista y patriarcal, y la dota de una nueva dimensión. Beneficia a toda persona que se implique en este proyecto político y hace que movimientos como La Vía Campesina sean mucho más diversos.

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1 En lugar de LGBTTIQ* se empleará la autodenominación utilizada dentro de MST LGBT, ya que hasta ahora nadie dentro de la organización se ha declarado inter* o queer*.

2 Todas las citas mencionadas de ahora en adelante provienen de la página de MST (www.mst.org.br).

3 Entrevista con Hony Sobrinho en julio de 2016.

Este artículo fue publicado primeramente en Alemán en la entrevista Südlink (INKOTA-Brief) Nr.177

– http://www.inkota.de/material/suedlink-inkota-brief/177-ernaehrungssouveraenitaet/#c13174 –

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