Solidaridad:¡No a la extradición de Assange!

“No puede haber libertad de pensamiento sin conocimiento de la realidad. En 1948, las Naciones Unidas dijeron en el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos que “la libertad de opinión y de expresión” implica el derecho a “buscar, recibir y difundir informaciones e ideas por cualquier medio de expresión y sin consideración de fronteras”.

             ~ Reporteros sin Fronteras.

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En todo el mundo, la verdad y las personas que la hablan o la persiguen, se enfrentan a una escala de ataque sin precedentes.

Los movimientos sociales populares de todo el mundo siempre han encontrado apoyo y voz entre los periodistas progresistas de nuestros territorios y de otros lugares, que se atrevieron a exponer nuestras realidades del campo escribiendo sobre nosotros y hablando de nosotros. 

Durante las últimas tres décadas, mientras los medios electrónicos e impresos de todo el mundo fueron tomados y controlados por intereses corporativos, algunos periodistas que entendieron el periodismo como un acto revolucionario de decir la verdad al poder, se atrevieron a desafiar las narrativas capitalistas dominantes. Se negaron a ceder a la presión de convertir las noticias en una mercancía para el entretenimiento de la gente y se atrevieron a hablar de la realidad que enfrentaban las familias rurales y los trabajadores urbanos. Este acto de decir la verdad ha dado lugar a que muchos de ellos sean atacados, asesinados o encarcelados.

Los procedimientos penales se utilizan a menudo para amordazar a los periodistas que critican a las autoridades. Sólo en 2020, al menos 20 periodistas fueron asesinados y más de 240 encarcelados, según datos de Reporteros sin Fronteras. Estas son las cifras que se han comunicado. Los ataques a docenas de periodistas locales, que trabajan en lenguas regionales o maternas en nuestros países, a menudo no son registrados. Como resultado, se dice que el número real es mucho mayor.

Es en este contexto que tenemos que ver la situación de Julián Assange – un periodista cuyo compromiso de revelar los secretos más oscuros de la maquinaria de guerra liderada por EE.UU. ha llevado a la más preocupante persecución humana en los últimos tiempos.

Assange fundó WikiLeaks en 2006. Sus revelaciones han tenido repetidamente repercusiones en escala global, aumentando la conciencia de los acontecimientos mundiales e influyendo en el debate público. Entre las publicaciones más destacadas de WikiLeaks se encuentran “Asesinato colateral”, “Diarios de guerra afganos”, “Cablegate” y “Archivos de espías: Rusia”.

Al hacerlo, Julián Assange también se enfrentó a la ira de la potencia imperial del mundo, los Estados Unidos de América. La administración de los EE.UU. esta desafiando todos los principios conocidos de la justicia natural para “enseñar a Assange una lección” por atreverse a revelar sus secretos más sucios.

Actualmente, el uso de la administración Trump de la Ley de Espionaje podría llevar a la condena de Assange y una sentencia de hasta 175 años de prisión.

Esto sentaría un peligroso precedente para todos los periodistas que publican información clasificada de interés público. En represalia por su papel de facilitar importantes revelaciones en los medios de comunicación internacionales sobre la forma en que los Estados Unidos llevaron a cabo sus guerras, Assange se enfrenta a 18 cargos en los Estados Unidos, 17 de ellos en virtud de la Ley de Espionaje.

Los presuntos “crímenes” de Assange se remontan a 2010, cuando la organización que fundo, WikiLeaks, filtro documentos a los medios de comunicación como Le Monde, The Guardian y The New York Times. Los documentos, que fueron proporcionados a WikiLeaks por la denunciante Chelsea Manning, incluían 250.000 cables diplomáticos de los Estados Unidos y miles de informes militares internos de los Estados Unidos, en su mayoría clasificados, sobre las operaciones militares en el Iraq y el Afganistán. Fueron revelados casos de tortura, secuestro y desapariciones.

La publicación de estos documentos por los medios de comunicación fue claramente en el interés público, no un acto de espionaje. La contribución de Julián Assange al periodismo, al derecho de las personas a conocer que hacen sus gobiernos, es innegable.

Assange se refugió en la embajada ecuatoriana en Londres durante siete años, pero, tras un cambio de gobierno en Ecuador, fue entregado a las autoridades británicas y detenido el 11 de abril de 2019.

Después de visitarlo en la prisión de Belmarsh en Londres el 9 de mayo de 2020, el Relator Especial de las Naciones Unidas, Nils Melzer, informó de que Assange había sido expuesto deliberadamente a un trato inhumano y degradante que podría describirse como tortura psicológica.

Una audiencia de extradición está en curso en el Reino Unido y el equipo de defensa de Assange está publicando actualizaciones aquí.

En un artículo para el Independent, el periodista y cineasta John Pilger escribe

“La audiencia de extradición en Londres esta semana es el acto final en una campaña anglo-americana para enterrar a Julián Assange. Esto no es el debido proceso. Esto es sobre la venganza. La acusación americana es claramente una farsa, una farsa que es fácil de desmantelar”.

Ha llegado el momento de que los ciudadanos preocupados de todo el mundo hablen en favor de la transparencia y denuncien la guerra dirigida por los Estados Unidos contra los periodistas.

Como nos recordó Win Tin, ex periodista, político y prisionero político birmano que soportó 19 años de prisión, condiciones de vida brutales y tortura bajo el gobierno militar de Myanmar;

 “La libertad de información es la libertad que permite verificar la existencia de todas las demás libertades”.

Además de ser un ataque abierto a la libertad de expresión, la condena de Assange en los Estados Unidos sienta un precedente para ese país, que puede solicitar la extradición y juzgar a cualquier persona en cualquier lugar del mundo con arreglo a sus leyes. Esto abre un camino de incertidumbre legal para cualquier persona u organización que se oponga a las acciones imperialistas.

Por todas estas razones, es importante que nos unimos a la defensa de Assange. Defender a Assange en este momento significa defender nuestro derecho a seguir luchando, denunciar y organizar.

Debemos exigir que Julián Assange no sea extraditado a los Estados Unidos, que sea liberado inmediatamente, que reciba atención médica y que se le permita vivir con su familia.

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