Brasil: “La educación cambia a las personas que van a cambiar el mundo”

La humanidad en crisis busca soluciones y cada vez más La Vía Campesina es un referente  articulador para los pueblos que luchan en todo el mundo. Este movimiento campesino internacional  sigue creciendo y su  propuesta política se fortalece. Sin embargo,  sus enemigos como  como el agronegocio, los gobiernos entreguistas, los tratados de libre comercio; con su modelo de muerte  también se fortalecen. En ese sentido,  la construcción del movimiento enfrenta retos estratégicos, entre las tareas claves está la formación política e ideológica de sus miembros  que son las semillas que se expanden con el horizonte de cosechar  frutos a favor de la Soberanía Alimentaria y  justicia social, que son las pilares fundamentes para transformar el mundo.

Tal como lo recoge la Declaración Final  de su VII Conferencia, realizada en el mes de Julio en el País Vasco, donde  las campesinas y campesinos del mundo afirman: “Tenemos que seguir acelerando la formación política e ideológica, organizativa, y técnica con nuestros propios pensamientos, formando las personas para la lucha y para la transformación, ya que tenemos claro que la educación convencional rompe con nuestra identidad y pensamiento. La formación es crucial para que nuestros movimientos creen sujetos nuevos y activos, sujetos para forjar nuestro propio destino”.

Las semillas que se multiplican en Sudamérica: Experiencia Escuela Egidio Bruneto

La Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo,  la expresión organizativa de La Vía Campesina en las Américas,  desde su nacimiento, ha creado varios procesos orgánicos,  formales y no formales de formación, tanto a  nivel continental como regional: en Caribe, Sudamérica y Centroamérica,  identificando a la formación como parte fundamental de su estrategia  política y de articulación de luchas. Estas escuelas combinan metodologías populares con elementos  políticos – organizativos, técnicos e ideológicos, en áreas como agroecología, género y liderazgo.

En la región Sudamérica al principio se avanzó mucho con procesos de formación de militantes de base; como la Escuela del Cono Sur que ya lleva su  XIX edición y la Escuela Andina  que está cursando su IX promoción, también  se crearon otros procesos de formación enfocados a  mujeres campesinas; pero  fue luego de un largo proceso de reflexión y evaluación, que el Colectivo de Formación de la región junto con la Coordinación Política,  decidieron retomar la necesidad urgente de la formación de la dirigencia, y en el 2011 crearon el primer curso de formación para Dirigentes que luego pasaría a  ser la  Escuela  Egidio Brunetto.

De acuerdo con Itelvina Masioli, de la Coordinación Política Pedagógica, esta  Escuela nació con la idea de que sea un espacio de formación política para dirigentes de la región, “evaluamos que muchos dirigentes algunas veces caen en  un activismo y que había una necesidad de seguir estudiando, reflexionando y profundizando en la teoría revolucionaria; apropiándonos del materialismo histórico y dialéctico como herramientas de análisis para transformar la realidad, pues el tiempo histórico que nos toca vivir y luchar, nos exige que la formación política sea una tarea revolucionaria y permanente”.

En ese caminar, en el 2011 se realizó  el primer curso de formación con el espíritu de reunir dirigentes de las diferentes organizaciones, con una gran diversidad de participantes, respetando siempre el principio de paridad de género,  constituyendo este espacio como una oportunidad  para profundizar, intercambiar, reciclar, pensar y exigir esta actitud de disciplina frente al estudio de las y los participantes.  Unos días antes de empezar el curso, en el proceso de construcción, el militante del Movimiento Sin Tierra, Egidio Brunetto,  tuvo un accidente fatal donde perdió su vida, y derivado de este lamentable hecho,  el Colectivo de Formación de Sudamérica definió ponerle su nombre a este proceso de formación como una forma de rendir homenaje a este sembrador de ideas.

Egidio Brunetto,  fue un dirigente campesino del MST  y desde la Campaña de los 500 años de resistencia Indígena, Negra y Popular,  después en la conducción de la Cloc y la propia fundación de La Vía Campesina  Internacional,  aportó mucho en el fortalecimiento y construcción de estas herramientas políticas. “Él iba y llevaba las reflexiones y el debate, tanto al interior del movimiento como en los espacios internacionales de articulación, él reflexionaba, siempre con esta actitud tremenda de un sembrador de ideas, siempre dedicó su vida a dar ejemplo de saber escuchar y hablar,  con el ánimo de expandir por todo el mundo las semillas para la Soberanía Alimentaria, pero además, fue alguien que sembró mucho en la solidaridad de clase y en el internacionalismo; un dirigente con una actitud de construir, con un tremendo corazón por la lucha de los pueblos, entonces hicimos un homenaje para que  Egidio siga renaciendo en cada dirigente y militante de nuestra región, en la lucha por la tierra, por la justicia, por soberanía para trasformaciones sociales y el socialismo. Es por eso que tener el nombre de Egidio en nuestra escuela también nos da mucha responsabilidad” afirma Itelvina.

La Escuela  itinerante Egidio Brunetto luego de 7 años  ha recorrido países como Chile, Paraguay, Perú, Bolivia, Argentina, y  ayer cerca de 50 dirigentes clausuraron con una mística de siembra la  VI edición  en Paraná,  Brasil.  Al presente esta escuela  ya no es solo un proceso de la región Sudamérica, sino una escuela de Latinoamérica; pues desde la segunda promoción se  decidió  de forma estratégica  incorporar dirigentes de regiones como Caribe y Centroamérica. En la VI Escuela realizada en Brasil participaron 13 países;  principalmente de Sudamérica pero también de países como Honduras, Nicaragua, Guatemala y República Dominicana; este intercambio de experiencias  entre las regiones aporta elementos importantísimos al proceso de formación sobre todo para entender cómo funciona el capital en los distintos contextos, pero también para identificar prácticas innovadoras  de lucha en los territorios.

En cada Escuela  participan alrededor de 50 y 70 dirigentes; cuyo compromiso es llevar y potencializar en sus países estos procesos de formación, pues  cuanto más se  avanza en la organización desde las bases y en las luchas permanentes en los países, la Cloc como La Vía Campesina  fortalecen su lucha de transformar el mundo a nivel global.

En cuanto a los avances, hay que resaltar la participación de las mujeres y de la juventud, y la construcción de la concepción de la “escuela comuna” que rompe de la visión de la educación tradicionalista, a decir de Itelvina,  “La escuela es más que un curso es un gran espacio de intercambio, de aprendizaje, de reflexión, porque acá rompemos con la lógica tradicional de educación, venimos a nuestros espacios, a nuestras escuelas. Acá estamos en el espacio físico de la  Escuela Latinoamericana de Agroecología, ELAA, que está dentro de un asentamiento del MST, donde podemos vivenciar con la gente, donde construimos un curso de 18 días con toda una organicidad de autogestión. La gente tiene que  preparar desde el desayuno en la mañana, lavar ollas, platos, limpiar, cuidar,  hacer mística, coordinar el día del curso, la gente no viene pasiva a recibir clases, vienen a ser sujetos de transformaciones. Este movimiento es  el proceso de formación, que es tan importante cuanto los contenidos que se reciben  de filosofía, economía política, de cuestión agraria, de feminismo, sexualidad,  de mística, en ese sentido, es importante asumir que no somos seres aislados somos dirigentes, asumiendo que somos seres humanos en procesos de formación, entonces nuestra escuela nos convoca a hacer crítica pero también autocrítica, con la intencionalidad política y pedagógica que nos permiten aprendizajes colectivos” concluye.

El tiempo  comunidad – la práctica trasformadora

Dentro de la metodología de la Escuela Edigio Brunetto está el tiempo comunidad, una oportunidad que permite a las y los participantes que los procesos de formación vivenciar con las comunidades locales esas transformaciones que tanto anhelan. Durante la VI Escuela realizada en las instalaciones de la Escuela Latinoamericana de Agroecología, ELAA ubicada en el Asentamiento Contestado del Movimiento Sin Tierra en Paraná, las  y los educandos visitaron las más de 130 familias que vienen produciendo y ocupando la tierra desde 1998, a continuación compartimos las impresiones de esta visita.

“La lucha por la y la dignidad, se torna tareas del diario vivir, con el tiempo construimos conocimiento, fortalecemos nuestra conciencia y encontramos sobre todo, un montón de personas que al igual que nosotros, van construyendo su propio proyecto de vida. Un proyecto que incluye la producción de alimentos limpios y sanos, un proyecto que le da prioridad al quehacer colectivo y a las relaciones humanas. Es precisamente ese caminar el que me ha llevado a conocer la experiencia de lucha y el modo de vida de la familia de Roberto. Un hombre joven, que vive con su esposa y su madre, que cultiva la tierra y cría ganado, un ser humano orgulloso de la lucha heredada por su padre, que fue el que ocupo la tierra en donde hoy vive el, su hermano y hermana. Cuando parece que todo está perdido, y que nuestros sueños son cada vez más difíciles de cumplir, encontramos esfuerzos como estos, que nos demuestran que todo es posible, que los proyectos que soñamos son posibles, que la organización y la unión, aunque difíciles, son el camino para lograr lo que queremos.  La toma de la  tierra, la construcción de un territorio y la producción agroecológica son muchas de las metas que nos planteamos, y que hoy Roberto con su familia están haciendo posible. El es su propio jefe,  y decide qué y cómo producir, decide su vida y construye un mundo mejor”.

“Pude observar que la familia vivía en condiciones muy dignas, disponiendo de un techo, beneficios básicos como agua, luz, electricidad y lo más importante, alimentación, que es cultivada por ellos mismos, sin químicos ni tóxicos. Del mismo modo pude observar que es una familia que vive libre de estrés, sana y que se alimenta con una dieta vegetariana altamente rica en nutrientes. Fue un día altamente productivo, humano y enriquecedor, la manera de cultivar y tratar con amor las plantas y la naturaleza es algo que me llena y así mismo me motiva a adaptar estas prácticas en las que nos conectamos más con las cosas que realmente valen la pena”.

“El señor  Benedito nos relató que todo su sistema agroflorestal  solo fue desarrollado cuando el percibió que necesitaba parar de agredir a la tierra. Me encanté mucho con la historia de lucha y resistencia del asentamiento y llevaré esta mística revolucionaria siempre conmigo”.

“La experiencia de intercambio fue muy enriquecedora, pude observar de manera real todo lo que quizás en teoría había escuchado. Toda la producción es agroecológica basada en el sistema de agrofloresta, su esposa nos dijo que desde que practican la agrofloresta ella no volvió al mercado, también crían gallinas y ovejas y desde que están viviendo en el asentamiento su alimentación y nutrición mejoró y eso se refleja en la salud de su familia y de las otras familias también”.

 

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