Mujeres

Paraguay: Comunicado conjunto de mujeres organizadas del sector popular

(Asunción, 9 de marzo de 2016) Nosotras, mujeres organizadas campesinas, indígenas y de la ciudad: Nos unimos en una sola voz para reclamar el cumplimiento de nuestros derechos garantizados en la Constitución Nacional, para reclamar nuestros derechos conculcados por las autoridades nacionales, departamentales y locales, para reclamar nuestros derechos no reconocidos.

Nos unimos en una sola voz para denunciar las múltiples formas de violencia que se visualizan en estos datos oficiales:

Acceso a la Tierra: Las mujeres recibieron solo el 13,6% de las tierras fiscales, en los últimos 62 años. Igualmente, las mujeres recibieron el 17,8% de los títulos otorgados, en tanto que los hombres el 82,1%. La falta de acceso de las mujeres rurales a los servicios del desarrollo está relacionada a la negación por parte de la sociedad, de su rol productivo, del sesgo masculino de la jefatura familiar y de la invisibilidad de su contribución al desarrollo.

 

Empleo, Dessempleo e Inactividad laboral: Del total de mujeres en edad de trabajar, el 48,1% está entre la Población Económicamente Inactiva (PEI). En el sector rural, 52,8% de las mujeres son inactivas; mientras que en el sector urbano la problemática afecta al 45,4% de las mujeres. La tasa de subutilización de la mano de obra (desempleo más subempleo) llega al 28,7% en las mujeres. La inactividad, el desempleo y el subempleo que enfrentan las mujeres constituyen obstáculos a su autonomía económica.

Jefatura del hogar: En los últimos años el porcentaje de hogares que tienen como jefa a una mujer ha pasado de 25,3% (2000) a 31,8% (2013), fenómeno registrado tanto en áreas urbanas como rurales. El 31,8% de los hogares en Paraguay tiene jefatura femenina, siendo un fenómeno más urbano que rural ya que el 67,2% de estos hogares se encuentran en las ciudades

Economía: En promedio, en 2013 las mujeres jefas ganaban 27,1% menos que los hombres. Esta brecha es del 30,3% en el sector urbano y se eleva al 42,2% en el sector rural. Para las mujeres, el trabajo por cuenta propia es el más importante, ya que ocupa al 32,8%. Esta situación se acentúa en el caso de las jefas de hogar. El 44,5% de ellas es cuentapropista, por la relación existente entre las responsabilidades familiares y las decisiones laborales. En el trabajo doméstico se encuentra el 16,0% de las mujeres ocupadas. El 37% de las mujeres no cuenta con un ingreso propio. La falta de autonomía económica se agrava en el sector rural. Allí las mujeres sin ingresos llegan al 42,4%.

Educación: La mayoría de las mujeres jefas (67,2%), se ubica en los niveles menores de educación (9 años o menos de estudio), frente al 63,3% de los hombres. Las tasas de analfabetismo a nivel nacional muestran que el 4,6% de los hombres son analfabetos, frente al 6,1% de las mujeres. Hay una incidencia del embarazo en las cifras. El 75,2% de las mujeres de 15 a 24 años ya habían dejado de estudiar al momento del embarazo y de las que estaban estudiando (el restante 24,8%) poco más de la mitad dejó los estudios. Solo una mínima proporción retomó los estudios.

Salud: Los tumores son la primera causa de muerte femenina entre los 10 y 49 años, relacionados con la prevalencia del cáncer de mama y cérvico-uterino. La Encuesta Nacional de Demografía y Salud Sexual y Reproductiva (CEPEP, 2009: 242) muestra que a pesar del amplio conocimiento (98,9%) que tienen las mujeres encuestadas (15-44 años de edad) sobre la necesidad de realizarse el examen de Papanicolaou, solo el 71,3% reportó haberse hecho la prueba al menos una vez. Se verifican brechas entre las mujeres urbanas y rurales, ya que las primeras reportaron haberlo hecho en el 73,9% de los casos, mientras que las segundas solo en el 66,6%. En las mujeres jóvenes (15-24 años) esta cifra baja al 43,6%.

Maternidad temprana: En Paraguay, las y los recién nacidos que nacen de mujeres de entre 15 y 19 años de edad tienen casi 80% más de probabilidad de morir durante el primer año de vida que aquellos que nacen de mujeres de entre 20 y 29 años. Entre 6% y 7% de las mujeres de 15 a 19 años de nivel socioeconómico bajo, residentes en zonas donde el guaraní es el principal idioma hablado, o de la región Norte del país, reporta no tener acceso a servicios médicos prenatales.

Participacón política: El porcentaje promedio de la participación de mujeres en los diferentes cargos disputados en las Elecciones Generales desde 1993 a 2013 ha sido solo del 10%. La participación más alta se ha registrado en las bancas del PARLASUR, con 16,7% en las dos últimas Elecciones Generales; seguida del cargo de senadoras, con 15,5%; el de concejalas departamentales, con 11,2%; el de diputadas, con 8,1%; y el de gobernadoras con sólo 1,3%. En términos de los niveles de participación electoral, las mujeres superan en porcentajes a los hombres, representando el 66,0% y 56,5%.

Violencia: El 4,7% de las mujeres reportó haber sido agredida físicamente, frente al 1,6% de los hombres. El 74,6% de las víctimas de violencia física son mujeres. Las mujeres embarazadas aparecen como particularmente afectadas por la violencia intrafamiliar, ya que 1 de cada 4 mujeres señaló que estaba embarazada cuando sufrió violencia, ya sea física o psicológica. En más de la mitad de los casos, los principales agresores son el esposo o la pareja permanente. Los hijos o hermanos ejercen violencia psicológica, incluso en mayor porcentaje que el ex esposo. El 36% de mujeres (15 a 44 años) declaró que fue víctima de violencia verbal, el 17,9% de violencia física y el 5% de violencia sexual por parte de su pareja o ex pareja. Un alto porcentaje no busca ayuda por razones relacionadas al miedo, la vergüenza o por creer que lo podía solucionar sola.[1]

Pero también están los datos no oficiales, esos datos donde nosotras somos las víctimas  y sobrevivientes:

En los Bañados de Asunción

Las mujeres de los Bañados experimentamos la discriminación salarial, incluso "legal" cuando somos empleadas domésticas, muchas de las mujeres bañadenses percibimos salarios desde 300 mensual, más de 8 horas laborales diarias. También somos "cuentapropistas" que es la forma elegante con que los informes oficiales llaman al subempleo y a la changa sin ningún tipo de seguridad social, ni de salud, ni de jubilación, las sin derechos.

Vale mencionar que varias de nuestras actividades son criminalizadas como las recicladoras e incluso la cría de animales en los bañados, fuente de ingreso y alimentos para nuestras familias bañadenses con el supuesto de que por el cuidado ambiental está prohibiéndose este tipo de actividad.

Otro tema sensible es el embarazo en adolescentes, por la actitud hipócrita de las autoridades no se trabaja a nivel educativo, obstaculizando el hablar abiertamente de la educación sexual y prevenir el embarazo precoz.

Así como muestran las estadísticas, el aumento de la jefatura femenina en los hogares significa que el único ingreso que tienen nuestras familias es nuestro aporte, el de la mujer, con trabajo precario, changas o jornadas laborales de 10 a 12 horas hace que nuestros hijos e hijas queden solos o al cuidado de la niña mayor. En los Bañados apenas existe un centro de cuidado de niños y niñas por cada 1000 familias bañadenses y la gran mayoría de estos centros de cuidado son precarios, mantenidos por la propia comunidad, sin apoyo estatal y con alta explotación de las cuidadoras.

En la época de inundación, toda la violencia física, moral y sexual se exacerba debido al hacinamiento y la precariedad de los refugios.

Los Bañados hoy son territorios ansiados por el capital inmobiliario, para lo cual el gobierno central y municipal, tienen planes avanzados para el desplazamiento de las familias bañadenses, último lugar que los y las pobres encontramos en Asunción para vivir.

El acoso laboral es un fenómeno muy expandido tanto en la función pública como en el empleo privado, humillaciones que las mujeres trabajadoras debemos soportar bajo la amenaza del inminente despido.

En el campo

Nuestros territorios son avasallados cada vez más por las empresas agro-sojeras con una impunidad tal que las repercusiones sobre la vida comunitarias son de tal dimensión que las mujeres llevamos la peor parte. El uso intensivo de agrotóxicos enferma a nuestras familias, mata nuestros pequeños animales, destruye nuestros cultivos, contamina nuestras fuentes, interrumpe nuestro embarazo.

Territorios indígenas son despojados de la manera más alevosa de sus antiguos dueños, dejando a todo a la población a merced de la caridad de la calle, a adolescentes expuestas a la trata y a la explotación sexual, a mujeres expuestas a todo tipo de vejámenes en las veras de los caminos y en los semáforos, obligándolas en muchos casos a no encontrar sentido a la vida.

La falta de caminos vecinales pone en serio riesgo nuestra vida ya que cada vez más hay mayor distancia entre las comunidades y los puestos de salud; por la falta de caminos también nuestros hijos e hijas van quedando sin posibilidad de acceder a las escuelas.

Cada vez más somos despojadas de nuestras semillas, nuestros saberes, nuestro arandu ka’aty, nuestro reko. Nos expulsan de nuestros territorios, nos matan con venenos, nos someten a la migración forzada y nos exponen a toda clase de sometimientos.

Junto con el machismo, el agronegocio y las empresas muntinacionales con sus intereses insaciables, nos violentan, nos acallan y nos matan.

Por eso y porque no queremos ninguna Carolina más, ninguna Berta más, ninguna Cyntia más, nos unimos para gritar ¡Basta de violencia!, y luchar por nuestros territorios, nuestros derechos y nuestras vidas.

Nos unimos para decir que declaramos el combate al machismo desde el interior de nuestras familias y de nuestras organizaciones, y no toleraremos más las prácticas machistas en las instituciones del Estado ni en las empresas.

Nos unimos para lanzar juntas una Campaña Nacional por una Patria Nueva sin Violencia hacia las Mujeres y las Niñas.

En este día internacional de la mujer trabajadora, nos proponemos como objetivo luchar juntas por la erradicación de la violencia en todas sus formas, para ellos denunciaremos todo acto, todo hecho que agreda nuestras vidas en las formas que sea, y trabajaremos incansablemente, como siempre, junto con nuestros compañeros, por generar nuevas relaciones que nos conduzcan a la igualdad. Asimismo para desterrar las desigualdades sociales, nos proponemos la lucha firme contra toda forma de opresión sea del Estado, de las empresas multinacionales, de las empresas del agronegocio, de las oligarquías locales, de las autoridades cómplices.

La violencia es un problema social que nos afecta y limita el acceso y desfrute de nuestros derechos, y como tal nos planteamos abordarla, desnudar y atacar las causas profundas que generan violencia, en nuestras familias, en nuestras organizaciones, en el Estado y en toda la sociedad.

Gritaremos cuando criminalicen nuestras luchas, cuando nos criminalizan por ser pobres, cuando nos criminalizan mujeres. Impulsaremos propuestas que nuestras madres y abuelas han desarrollado para sobrevivir y recuperaremos las memorias de nuestros ancestros quienes nos dejaron ejemplos de convivencias de igualdad en los territorios comunitarios, los cuales también nos proponemos recuperar, pues es en los territorios del campo y la ciudad donde somos mujeres campesinas, mujeres indígenas o mujeres urbanas.

No callaremos ante ningún atropello y no descansaremos hasta lograr una patria nueva sin violencia hacia las niñas y las mujeres.

Asunción, 8 de marzo de 2016

Las firmantes, mujeres de las organizaciones: Central de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua del Paraguay (CCVAMP)-Coordinadora de Organizaciones Sociales y Comunitarias de los Bañados de Asunción (Cobañados)-Organización de Mujeres Campesinas e Indígenas Conamuri-Departamento Mujer PPP-Las Rebeldes del Sur de la Organización Desde Abajo-Frente Recoleta-Organización de Lucha por la Tierra (OLT)-Partido Comunista Paraguayo (PCP)-Partido de los Trabajadores (PT).

[1]  Datos tomados de La Nación de fecha 24 de febrero de 2016

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