Biodiversidad y recursos genéticos

Manifiesto del Maíz: No al Maíz transgénico

Ciudad de México, 15 de enero de 2013
Al gobierno federal:
Al pueblo de México:

Hemos analizado la experiencia de casi dos décadas de cultivos de maíz transgénico en otros países y no hay ni una sola razón tecnológica, económica ni ética en beneficio de la población mexicana y la mayoría de los productores del campo, que justifique la autorización de la siembra comercial de maíz transgénico, como pretenden las empresas Monsanto y Pioneer en al menos un millón de hectáreas en los estados de Sinaloa y Tamaulipas, en el norte de México. En cambio, los peligros para la salud humana, la biodiversidad, la cultura y la soberanía del país son inmensos.

Las corporaciones trasnacionales buscan desaforadamente incrementar sus ganancias mediante el saqueo de los recursos naturales y aun a costa de la salud de las personas, incurriendo no pocas veces en actos criminales y de corrupción, particularmente las empresas dedicadas a la producción e industrialización de alimentos.

Fue inaudita la vileza con que la administración federal en manos de Felipe Calderón pisoteó los intereses de los consumidores de la ciudad y del campo, de los campesinos y pequeños productores, y puso en riesgo el patrimonio agrogenético del país en complicidad con las empresas multinacionales que se han venido adueñando de la producción agroalimentaria de México.

En contra de la demanda de respetar el principio de precaución y a pesar de los llamados a proteger la biodiversidad lanzados por científicos, académicos y organizaciones sociales y civiles1, durante el sexenio que recién finalizó, el ejecutivo federal —a través de SEMARNAT y SAGARPA— permitió las primeras siembras de maíz transgénico a cielo abierto, sin importarle que México es centro de origen de este grano básico de la alimentación del país y del mundo. Sumadas las licencias para cultivo experimental de maíz transgénico (162) y las de siembra piloto, ya van 177 permisos en campo abierto.

Durante el año pasado, el gobierno federal entregó 15 autorizaciones a Monsanto y otras empresas extranjeras para realizar siembras piloto —fase posterior a la experimental y previa a la comercial— de maíz transgénico en territorio nacional, con el grave riesgo de que los transgenes contaminen a las variedades criollas y nativas de esta gramínea pues no hay barreras para el viento y los insectos que intervienen en la polinización. Además, el maíz se mezclará en el transporte y el almacenamiento y finalmente toda la cosecha estará contaminada.

El 7 de septiembre la empresa Semillas y Agroproductos Monsanto presentó al Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) las solicitudes de cultivo comercial para las variedades de maíz transgénico MON89034-3, MON88017-3 y MON-00603-6 para 700 mil hectáreas en 10 municipios de Sinaloa.
En Tamaulipas, el 20 de septiembre fueron admitidas las solicitudes de maíz transgénico de la empresa Pioneer Hi-Bred International (Du Pont), para las variedades DAS015507-2, DAS-01507-1 y MON00603-6 y MON00603-7 en 351 mil 284 hectáreas de 7 municipios.

Las solicitudes se encuentran en análisis en el Senasica pero toda la información técnica de las fases anteriores ha sido manejada como secreto corporativo, sin cotejo independiente y manteniendo en reserva la ubicación de los predios de experimentación. Monsanto presionó y cabildeó para obtener los permisos antes del cambio de administración federal pero la presión social logró impedirlo. Si el nuevo gobierno aprueba estas solicitudes, en poco tiempo ocurrirá en el mundo la primera contaminación masiva del centro de origen de un importante pilar de la alimentación planetaria, es decir, estaremos en presencia de un crimen contra la humanidad.

Tal hecho ominoso ocurriría cuando México se define por su condición de país dependiente con 45 por ciento de importación de alimentos, sobre todo de Estados Unidos; con su infraestructura agrícola devastada y el campo descapitalizado, con más de la mitad de la población total en la pobreza y con 28 millones de hambrientos, todo ello producto de políticas agropecuarias de libre mercado que benefician principalmente a una minoría de grandes productores y a las empresas trasnacionales.

Otorgar los permisos para la siembra comercial de maíz transgénico sería un atentado contra el derecho constitucional a la alimentación, reduciría todavía más las posibilidades de que la mayoría de la población pueda acceder a comida sana, suficiente y de calidad, y sería el tiro de gracia a la soberanía alimentaria de los mexicanos.
La clave para incrementar la producción del campo, reducir la pobreza y acabar con el hambre no está en los transgénicos. Se trata de una tecnología extremadamente costosa, que no incrementa los rendimientos2, causa mayor dependencia y no cuenta con ventajas para enfrentar el reto del cambio climático y sus efectos de heladas y sequías. Además de que la crisis agroalimentaria de México no es un problema tecnológico sino de modelo económico, y el hambre no es producto de la escasez sino de falta de ingresos para acceder a los alimentos.

En el país hay más de 60 razas nativas y miles de variedades de maíz que lejos de implicar riesgo alguno, portan importantes virtudes fruto de la selección y adaptación por más de siete mil años inducidas por el trabajo de los pueblos originarios. Existen incluso variedades con mayor rendimiento que las manipuladas por Monsanto. La imposición de los engendros de la trasnacional significaría el fin de esta riqueza y la pérdida de la tradición ancestral de la milpa como sistema sustentable de producción y símbolo de la herencia cultural mesoamericana.

El maíz es el principal alimento del pueblo de México, de él proviene el 39 por ciento de las proteínas y el 53 por ciento de las calorías necesarias para la vida. El consumo de maíz por habitante se encuentra entre los más altos del mundo. Los mexicanos consumimos de forma directa entre 115 y 150 kilogramos de maíz por persona al año.
El maíz que proviene de Sinaloa y Tamaulipas se distribuye entre las principales ciudades para la producción de tortillas, ya sea a partir de masa o harina de maíz. La Comisión de Cooperación Ambiental de América del Norte en su estudio sobre los efectos del maíz transgénico en México3 recomendó al gobierno mexicano realizar investigaciones específicas sobre los efectos en la salud que podría tener un consumo tan alto y cotidiano de maíz transgénico. La población mexicana tiene el derecho a no correr el riesgo. No queremos tortillas transgénicas.
No se debe desdeñar el riesgo para la salud humana reflejado en un estudio4 realizado por la Universidad de Caen, Francia, donde investigadores demostraron que mamíferos de laboratorio alimentados con las semillas de Monsanto desarrollaron tumores de varios centímetros, en lo que constituye la prueba científica más contundente de los peligros asociados a los alimentos manipulados genéticamente. La variedad de maíz transgénico usada en este experimento fue MON 603, de Monsanto, la que ahora solicitan sembrar de manera comercial en México.

Por todo ello, exigimos al gobierno mexicano la prohibición definitiva de todo tipo de cultivo de maíz transgénico en México, y por lo tanto, una respuesta negativa a las solicitudes de permisos para siembra comercial de maíz transgénico, que se revoquen los permisos de siembra experimental y piloto de maíz transgénico hasta ahora autorizadas y se declare a México país libre de maíz transgénico. Los intereses de Monsanto y demás trasnacionales no son los intereses de la nación.

Rechazamos que el estado sacrifique a la población consumidora y a los campesinos y pequeños productores para apoyar a las empresas transnacionales productoras de semillas transgénicas y agrotóxicos. Somos los campesinos y no las transnacionales quienes alimentamos a la población.

Demandamos también la cancelación de los permisos de siembra comercial de soya transgénica que atentan contra la agricultura campesina y los apicultores.

Nuestra lucha va encaminada a lograr finalmente la derogación de la Ley de Semillas y de la Ley de Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados que abrieron la puerta a la invasión transgénica.

Llamamos a organizaciones, activistas, personajes de la cultura y la vida pública, así como a toda persona preocupada a sumarse a las demandas planteadas, porque sólo con la participación de la sociedad organizada podrá detenerse este atropello.

¡NO AL MAÍZ TRANSGÉNICO EN MÉXICO; FUERA MONSANTO!
Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas (UNORCA)
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